Santiago Nicolas Cainzos, Tema: metamorfosis

Mi mimo

-Inocente. Respondí.

Yo sabía quién verdaderamente había cometido aquellos atroces asesinatos en los cuales se murieron dos niños de corta edad, pero pensé que si declaraba ante el juez quién era el verdadero culpable, sabía que iba a correr con la misma suerte que esos pobres niños. Igualmente recuerdo su nombre o cómo le dice ahora la prensa: “El mimo satánico”.

Mis padres, quienes eran cristianos, vinieron de España gracias a la guerra civil que estaba ocurriendo allí. Se vinieron con una familia de españoles que también querían escapar de su oscura situación. El grupo se componía de mis padres, mi hermano, Nicolás y sus padres.  Al llegar, me tuvieron a mí. Desde que era niño, siempre me extrañó la actitud de Nicolás, algo me parecía atípico. Tenía unos ojos saltones, una mirada penetrante, uñas sucias y el pelo rojo. Yo siempre escuchaba que los pelirrojos son hijos del demonio.

Vivíamos en el campo,  a media hora de capital. Nunca fui un niño muy feliz en estas tierras. Tenía que ver el sufrimiento de mi madre, día a día, causada por mi padre. Era de esos hombres alcohólicos y jugadores que no trabajaban y para mí, tampoco vivían. Por eso, yo tuve que salir a trabajar a la edad de doce años. Y empecé a trabajar en un circo. Primero era el que ayudaba a la estrella del espectáculo, después empecé a trabajar como parte del ensamble del circo. Como el dueño vio que tenía un talento inusual, me ascendió a mimo del circo.

Uno de aquellos días cuando trabaja en el circo, estaba caminando por la calle, esquivando charcos porque la noche anterior había llovido, hasta que vi a Nicolás. Nicolás seguía teniendo esos ojos saltones, esa mirada penetrante que me volvía loco,  esas uñas sucias que daban asco y el pelo rojo, ese pelo rojo del demonio. Y como buen cristiano, tenía que hacer algo. Y aquí me transformé, se agrandaron mis manos, mis dientes, los ojos se volvieron negros, sin pupila, me volví muy pálido y sentí algo que nunca había sentido antes, un fuerte odio hacia el que sería mi primera víctima.  Después de esto no recuerdo nada. Lo único que me acuerdo es haber recuperado mi apariencia y en mis manos tener el cuerpo sin vida de Nicolás. Parecía que lo había ahogado. Y allí, me di cuenta de lo que había ocurrido. Me desesperé, no sabía qué hacer. Hasta que llegué a la decisión de agarra el cuerpo inerte de Nicolás, tirarlo al campo y huir. Tomar mis pertenencias y fugarme a algún lugar donde no me puedan encontrar, a algún lugar donde mis padres nunca pensarían que estuviera viviendo. Y corrí a la ciudad.

Cuando llegué a la ciudad, conseguí un trabajo en un taller mecánico. El dueño del taller era un tal don José, quien tenía una familia muy grande. El hermano menor de la familia de don José, se llamaba Manuel. En uno de esos días, fui a un bar en el que conocí una mujer de la cual quedé completamente enamorado en el instante en el que la vi. Sus ojos azules, sus mejillas rosadas, su pelo lacio me gustaban, pero su sonrisa, su sonrisa era lo que me enamoraba. Sin pensarlo, me acerqué a hablarle. Quedamos en que nos íbamos a ver a las ocho, en el mismo bar el día posterior. Y así fue.

Me contó que se llamaba Marilyn y que también era hija de inmigrantes, pero en este caso, franceses que habían escapado de la segunda guerra mundial. Su sueño era vivir del arte pero, por la mañana, trabajaba como secretaria en una oficina y por la noche estudiaba psicología para complacer a sus padres aunque ella quería salir en las grandes pantallas y actuar en los teatros de calle Corrientes, como tantos artistas hacen. Con ella, deje de lado todo evento ocurrido en el pasado. Ya no me daba miedo volver a convertirme en aquel monstruo, su alma gratificaba la mía.

Así fue, hasta que un día decidí confesarme. Y le confesé mi perverso pasado a Marilyn. Ella empezó sonriente y su sonrisa se fue convirtiendo en una cara de horror. Nunca más nos volvimos a hablar.

Al otro día a la mañana, volví al taller. Allí estaba Manuel, el hijo menor de don José, trabajando.

-Manuel ¿Qué le está pasando a tu padre? Le dije yo.

- Está enfermo. Tiene paringitis o algo así. Me contestó.

Seguí trabajando y me puse a pensar en los eventos trascurridos el dia anterior. Me transforme. Se agrandaron mis manos, mis dientes, los ojos se volvieron negros, sin pupila,  me volví muy pálido y mi ropa se transformó en mi traje de mimo. Sentí algo que había sentido antes de que  la bestia asesinara a Nicolás, un fuerte odio. Agarre un fierro y......

Me desperté en una celda. Tenía las manos con unas esposas. Me acerqué a la puerta de fierro y comencé a gritar.

- ¡Callate! Gritó un guardia.

Me dormí y me desperté el día siguiente. En ese momento vino un guardia y me llevó a un tribunal. Me asignaron a un abogado del estado pero las evidencias son muy notorias. Dicen que agarré un fierro y desnuqué a Manuel. Se murió al instante y de no ser así, murió desangrado. Después de esto llevé el cuerpo en una bolsa a mi casa y mutilé su cuerpo. Luego, llamé a la policía y me permanecí sentado, esperando a que vengan. Allí me detuvieron y me llevaron a la celda donde me despertaría unas horas más tarde. Me dijeron que dos días atrás ,habían citado a mi familia y ellos confesaron que creían que había asesinado a un niño llamado Nicolas. Yo no tuve la culpa, no fui yo quien mató a esos pobrecillos, fue mi mimo, el que tengo adentro mío y no sé qué me miran porque  él los va a matar y después los va a mutilar a todos, a todos ustedes.

 

 

 

Fecha: 3/11/2017 | Creado por: Santiago Nicolas
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