Serena Mirocznyk tema: metamorfosis

 

Todo comenzó cuando yo era apenas una niña joven e inocente llamada Rocío, entonces todo era distinto.

Nunca hubiese pensado que preferiría la historia original, si no por un deseo. Mi deseo, cambió todo. Voy a explicarme mejor: todo comenzó hace un tiempo, cuando yo todavía era un humano. Vivía en una casa de dos plantas y un jardín amplio, con varios árboles, allí vivía con mi familia y nuestra amada perra India que yo la creía y sentía mía. Ella era todo para mí, no me gustaba distanciarme de ella ni un centímetro, dormíamos juntas, jugábamos todo el tiempo en el gran patio, nos entendíamos perfectamente, teníamos un lazo inquebrantable.

Aunque todo esto se desvaneció, una tarde mi hermana Luna encontró a India en el jardín acostada a la sombra de uno de los árboles, ella no le dio importancia, pensó que era una simple siesta. Esa noche cuando yo le puse un poco de queso en el plato de comida y ella no vino, me extrañó entonces comencé a caminar por el patio gritando -“India, Indi veni!!!  ¿Querés queso?”- ella no respondió; la encontré en el mismo lugar donde la había visto mi hermana horas antes. Noté que algo no estaba bien grité con todas mis fuerzas -”Mamá, Papá, vengan rápido”- toda la familia vino corriendo. Pensaron que me había pasado algo grave pero a mí no era a quien había que acudir, era a Indi, ella estaba mal. Mi hermana Luna entendió todo lo que estaba pasando rápidamente y estalló en llanto, yo no entendía la situación. Mis papás me explicaron todo de la manera más sutil posible, me dijeron que “ella era un perrita ya vieja y que se había ido al cielo” estuve muy triste por toda esa noche, sin poder dormir y antes de que el cansancio me ganara yo dije -”daría lo que fuera, cualquier cosa, porque India vuelva conmigo”-.

Esa mañana amanecí en un lugar raro, no entendía qué había pasado, estaba acostada sobre pasto y una lona me cubría completamente. Me paré y mi estatura era menor, me sentía cien por ciento distinta estaba parada en cuatro patas y no me podía incorporar. Me di cuenta de que estaba en el patio de mi casa entonces, traté de entrar pero me distraje con mi sombra: era la de un perro, me acerqué a un charco de agua y ahí lo descubrí; yo era India. No entendía cómo pero estaba atrapada en su cuerpo. Luna cuando me vio gritó y casi se desmaya. Lo que pedí se había vuelto realidad. Ahora yo ladraba, caminaba en cuatro patas, comía de potes, sin cubiertos ni vasos me comportaba como un perro aunque trataba de decirles a todos que yo estaba en India; aunque yo era Rocío quien ahora estaba pero a la vez no. Sería que mi cuerpo ya no tenía la misma luz que antes porque de alguna forma los sentimientos, el alma y mi personalidad estaban dentro de India.

Ahora todos me jugaban mucho más que antes, era una conexión distinta, un lazo distinto al que tenía antes yo, como Rocío, con mi familia.

Me acostumbré a ser un perro, correr, acostarme en el pasto, que me lleven a pasear, todo esto me costo mucho... extrañaba hablar, a mis amigas, de cierta forma me extrañaba.

Estaba encerrada dentro de un cuerpo que no era mío, tenía un nuevo nombre que no era mío, tenía un punto de vista distinto sobre todo que no me pertenecía, veía a mi familia sufrir por el cambio que tuvo el comportamiento de Rocío, mi cuerpo, cómo lo extrañaba.

Me encantaría volver a decirle a mi familia que los amo, que todavía estoy acá, parece que me fui, pero no. Eso no paraba de retumbar en mi nuevo cerebro: quería gritarlo, decirlo en todo momento.

Además, ¿quién piensa que un perro entiende por completo lo que decís? Nadie.

Y en el transcurso de mi nueva vida me enteré de cosas que de otra forma no me hubiese enterado, pero no las podía decir, por obvias razones.

La primera fue impactante. El 24 de diciembre a las 11:55 estaba en el living de mi casa en el sillón y vi a mis papás poner regalos abajo del árbol firmados como Papá Noel y ellos claramente no eran él, ahí me enteré de que él no existía... qué desilusión!

Otra cosa que me pasó y que más tarde yo supe la verdad fue que el perro de Claudia, la vecina, con el cual no me llevaba bien, había sido el responsable de comerse la pata de la mesa del Señor García quien me echó la culpa. Que mal que la pasé esa noche, dormí en el patio.

Aunque está condición me limitaba e impedía hacer centenares de cosas, no hay sensación más linda que correr a toda velocidad por la plaza persiguiendo a un pájaro o una mariposa y después acostarte en el pasto y dormirte con el sol del atardecer.

Fecha: 2/11/2017 | Creado por: Serena
Etiquetas: Lengua y Literatura, 2doC, 2017, trabajos de escritura
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