Una guerrilla y una añoranza. Tema: metamorfosis.

Me encontraba acostado en una cama desconocida con un comité, también desconocido, de gente a mi alrededor, sus caras se veían borrosas, quizá por mi ceguera aguda o por la molesta luz con la que me apuntaban. Pasado un tiempo de mi recuperación, pregunté cómo había llegado a esta tan generosa comitiva de recepción; al parecer, había caído en la calle y había golpeado mi cabeza. No estoy en mis años bravos, pero en un momento sí lo estuve y esta es mi historia.

Nací un primero de agosto de 1922, en la localidad de Trápani, Sicilia, Italia, soy hijo único, de una familia de viticultores, que con gran esfuerzo pagaban su casa al banquero, cuyas propiedades eran innumerables dentro de Sicilia, a quien se la compraron por cuotas. Mi mamma, mujer pacífica y de buenas costumbres, me enseñó aritmética básica y lectura, siempre me traía los escritos de Marx y Engels para leer, aprendí rápido, con tales próceres. Mi papá, siempre hablaba de la hazaña que los camaradas Rusos habían logrado hace unos años, y con gran admiración por Lenin, hablaba de la necesidad de levantarse en armas contra Mussolini, lo cuál le trajo problemas en ese entonces.

Papá y sus amigos fueron apresados en 1927 por la policía y murieron presos en 1934, lo cuál despertó en mamma un profundo odio hacia Mussolini, y junto sus amigas, empezaron a organizar una resistencia al régimen, ella me enseñó a manipular el Carcano M91, armas que abundaban en esa época y casi todo el mundo tenía. Para la edad de 17 años, en 1939, me uní a un grupo de partisanos, quienes en 1944 fundarían el Cuerpo Italiano de Liberación; con ellos atacábamos pequeñas guardias del ejército italiano y escapábamos rápidamente, desarmábamos a los policías con sobras de energía y quemábamos las comisarías con mucho entusiasmo. Fuimos apresados por la policía en 1942, la cárcel era un infierno para el resto, pero nos tenían más odio a nosotros por nuestras acciones, en algún momento de septiembre de 1942, se empezó a escuchar un canto, “...E seppellire lassù in montagna, sotto l'ombra di un bel fior (Sepultar allá en la montaña, bajo la sombra de una bella flor)...”, los presos por algún motivo, que luego supe, estaban cantando "Bella ciao" ("Adiós, bella") para que los guardias no escuchen los pasos de un contingente enorme del resto de nosotros, que venían a rescatarnos de ese calvario. El olor a pólvora y a sangre no tardó en aparecer y en pocos minutos algunos partisanos nos sacaron de las celdas y ayudamos al resto a hacer lo mismo, luego de un rato largo de interminables disparos por parte de la resistencia contra los guardias y el ejército que se encontraba afuera, logramos vencer. Nunca nos faltaron ganas para armar revueltas populares, acciones armadas contra el régimen y tomas de lugares militarizados. Gracias a nuestras pequeñas, pero nutridas y respetables acciones armadas, en 1945 Mussolini terminó colgado de cabeza en Plaza Loreto, Milán; ese día fue una gran fiesta en toda Italia, todos vaciamos los cargadores de nuestras armas al cielo.

Durante el resto del tiempo, me dediqué a trabajar de profesor de tiro y confluir en partidos socialistas italianos. La revolución en Cuba, en 1959, había sido un éxito rotundo para los que simpatizamos con ellos, había sido un gran ejemplo de cómo llevar a cabo la guerrilla, para destituir a un déspota tirano. La situación en Italia era aburrida para mi gusto revolucionario, y a la edad de 42 años, en 1964, partí a Argentina, luego de la muerte de mi mamma. Me dirigí a la localidad de Zárate, en la que me juntaba con algunos jóvenes desorganizados en una biblioteca pública, que con gusto escuchaban mis historias de guerra; allí conocí a un joven militante de un partido marxista llamado PRAXIS, liderado por Silvio Frondizi. Pasaron los meses y mi lista de contactos aumentaba con el tiempo, para ser un extranjero recién llegado, la bienvenida no era mala. Conocía en aquel entonces a un joven decidido, tanto cómo yo, cuyo padre era un diputado radical, dada mi experiencia en el tema y sus ansias de armamento, en 1965 empezamos a desarmar policías, como en aquellos antiguos tiempos, pero esta vez me era más complicado poder hacerlo, nos hicimos de un buen par de armas cortas y cargadores.

En 1966, con la ayuda del gobierno estadounidense y su asquerosa doctrina de seguridad nacional, el General Onganía tomó el poder y destituyó al presidente Illia. En ese marco de represión estatal, nos unimos a un grupo liderado por Mario Roberto Santucho, llamado Partido Revolucionario del Pueblo, con el cuál empezamos a usar las armas en pos de la libertad completa, de modo tal que la resistencia armada en Argentina se hizo notar, como en los países vecinos. De vuelta, como en aquellos años bravos en Italia, dónde todo me era menos complejo de hacer, tomamos comisarías, desarmamos policías, atacamos destacamentos de las fuerzas represivas del estado y recuperábamos el dinero de los bancos para financiarnos. Era la mitad del año 1970, en una de nuestras casas de seguridad, Roby prendió la televisión para ver que decía la prensa burguesa nacional y lo primero que vimos es el comunicado del periodista leyendo el parte de guerra de esos peronistas disfrazados de revolucionarios diciendo “En el día primero de junio, la conducción de MONTONEROS comunica que a las 7:00 horas fue ajusticiado Pedro Eugenio Aramburu. Perón o muerte, venceremos, MONTONEROS...”, por fin hacen algo bien estos tira bombas sin sentido de existir, pensé. Un par de meses después, El Pelado y otros compañeros resolvieron en el quinto congreso armar y organizar al Ejército Revolucionario del Pueblo, porque nosotros no queremos un estado de falsa democracia burguesa en Argentina, queremos un estado socialista y estamos convencidos de que ese objetivo sólo puede lograrse mediante un pueblo armado. Una de nuestras acciones armadas fue el asalto al Comando de Sanidad del Ejército, entramos con un camión de Coca-cola que robamos y rompimos la puerta, las cosas no eran como antes, me cansaba más rápido y me costaba más respirar; los milicos no sabían que los había golpeado, pero dos conscriptos se escaparon y avisaron a la policía. Yo formé parte del retén de guardia que habíamos puesto, un milico saltó un muro y le pusimos un gracioso gorro de plomo, para ese momento supimos que estábamos rodeados y fieles a nuestra consigna (“A vencer o morir por la Argentina”) sabíamos que no nos íbamos a rendir, así que nos pusimos a cantar nuestra marcha para darnos ánimo, “… va marchando el Errepé, incorporando a sus filas al pueblo que tiene fe...”, hasta que los milicos nos empezaron a disparar y nosotros también. No nos íbamos a rendir y el mando de la operación fue pasando de persona a persona hasta que dos horas de fuego después, el líder operativo decide nuestra rendición; sólo el milico sombrero de plomo estaba muerto y se llevaron trece compañeros presos, después de esa acción armada decidimos que en nuestra revista Estrella Roja, sólo íbamos a publicar el nombre de los compañeros caídos en heroico combate. Después de esa fallida acción armada, decidí separarme de las acciones armadas; ya no podía moverme tan ágilmente cómo antes, era una carga para los compañeros y lo sabía, así que decidí unirme al cuerpo de logística: me encargaba de asegurar nuestros artilugios, cómo bombas y armas, en los transportes, y puesto que los militares conocían ya casi todo los escondites, tuve que usar la creatividad que no tenía para inventar nuevos y efectivos escondites; también conocí a un montón de jóvenes militantes de base y notaba ese poder subversivo de la juventud, ese que una vez tuve y ahora sólo era una memoria de un combatiente. Pese a mi edad avanzada, era mucho mejor en combate que los policías normales, todavía podía enseñar algunas cosas a los jóvenes.

En 1973 cayó el gobierno del miserable asesino Lanusse, y entró Cámpora con el 50% de los votos y la consigna de “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. Después renunció. El resto no importa más que el Brujo le manejaba todo a María Estela Martínez de Perón. Nosotros quisimos abrir un frente militar en Tucumán, pero no salió muy bien que digamos, entonces iniciaron el inmundo y asqueroso Operativo Independencia, en el que secuestraban a nuestros militantes de base y no quedó uno sin torturar. En 1976, nos enteramos del asesinato del Roby, el Gringo, y Mariano, el joven con quien había empezado a recuperar las armas de los policías, en el centro del PRT-ERP se empezaron a romper las filas y se marcaron dos tendencias: la que se fue con el Pelado a combatir a Somoza en Nicaragua y la que, al mando del que en un momento fue el joven militante de PRAXIS que conocí, se iría a Italia, donde yo tenía a algunos viejos camaradas, y luego a España. Pese a que el PRT-ERP seguía haciendo actos armados, no tenía cabeza y estaba desorganizado, como si ese movimiento que había nacido del odio por esta sociedad hipócrita y enferma cuyo futuro inexorable es seguir hundiéndose en un pozo de caca, ya no significara nada.

Y yo me encuentro, ahora, siendo atendido por este amable comité, del cuál pronto partiré, sin ningún rumbo real. Es el año 1992 y tengo 70 años, empiezo a ver los efectos de 40 años de combate, no veo bien, me duele la espalda, me cuesta respirar, no puedo correr y tampoco puedo girar el cuello rápido sin que me haga un sonido aleatorio de dolor, me siento, con infinito dolor, en el suelo de alguna calle de alguna ciudad cuyo nombre, mi dolida y casi fallecida, memoria no me permite recordar y pienso, en algún momento fui ese que disparaba su fusil y daba en el blanco, corría, se tiraba y otro soldado tocaba el suelo. ¿Qué me pasó?, me pregunto yo ahora, ¿cómo llegué de ser un letal joven, a un viejo con la lengua más rápida que su corazón? Ya vi tantas cosas, he estado en tantos lugares, probado tantos sabores y olido tantos olores, que no recuerdo mi nombre, no sé qué hacer, tampoco cómo hacer ese que no sé qué es, no entiendo por qué no lo sé, pero sé que no lo sé, y eso, no saber qué y cómo hacer eso que no se sabe qué es, debe ser la vejez, esa despótica señora llamada Vejez, que en algún momento toca la puerta de nuestras casas y cobra un impuesto demasiado alto. Pero qué importa eso ya, no tiene sentido seguir hablando con el papel de eso que ya olvidé, cómo tantas otras cosas, sólo recuerdo el presente, porque no es un recuerdo, o quizá sí, pero tampoco importa. Ahora, un par de años después, quizá unos meses, no lo sé, me levanto de esta calle que ya está hundida por mi presencia y recojo mis casi nulas pertenencias y ese par de monedas que alguien habrá dejado, queriendo curar su sentido de la justicia, o quizá con duda de saber si lo gastaría en un vino o en un alfajor y me dirijo a alguna otra parte, de pronto recuerdo que no tengo ninguna otra parte, pero tampoco correspondo a esta parte, por algún motivo la gente me esquiva, como si no tuviera nada que ver con ellos y fuera un cajón de carne con piernas, muy dolidas, y recuerdos, que va de lado a lado sin sentido, quizá sea eso, quizá ya me morí y esto es lo que pasa cuándo uno muere, no lo sé, ya no sé nada, tampoco sé a qué equivale la “nada”. Ya no puedo conquistar la vida, no puedo avanzar en la carretera sucia y tengo que dejar mi auto a un costado. Ya no podía hacer ninguna guerra revolucionaria, no tenía sentido, no podía levantarme a mí mismo de este pozo cuyo nombre es la vida y pretendía levantar un fusil del suelo. Pero una cosa puedo decir de estas muchas miserables décadas de vida: el pueblo estará feliz cuando tenga un fusil en el hombro, y brindando con un amigo no tan amigo en algún bar de alguna ciudad, disparé mi pistola calibre 38 en mi boca y termino con mi fatídica existencia, quizá haya estado mal, pero no tenía ningún otro motivo para seguir viendo esta desgracia de mundo existir, mundo que nunca será el paraíso de la humanidad, y es así, cómo mi curiosa historia termina.

Firma: alguien con algún nombre que no le habrán permitido conocer.


--Y cómo me sobró espacio en la hoja, voy a hacer cita de unas frases que están implícitas en el escrito; “La ideología adquiriría formas políticas concretas en el sentimiento del "algo hay que hacer", un algo que íbamos hacer, que hicimos y que, por los caprichos de esa muy autoritaria y sucia señora Historia, se transformaría en "algo habrán hecho". Hoy sólo me queda agregar: somos incorregibles y "algo" seguimos haciendo.” escrita por el Comandante Arnol Kremer, mejor conocido cómo Luis Mattini, “último” secretario general del PRT-ERP durante el exilio en Italia-España, en su libro titulado “Los Perros”,
 “Cuándo los que luchan contra la injusticia están vencidos, no por eso la injusticia tiene razón. Y de los espectadores esperamos, que al menos se sientan avergonzados.” dicha en algún momento por Bertolt Brecht,
“Cuando la violencia es empleada en contra de la autoridad que somete al pueblo, esta violencia deja de ser violencia y es justicia” dicha por Juan D. Perón, años antes de decirles “estúpidos que gritan” e “imberbes” a las FAP-FAR-Montoneros y algunos descamisados revoltosos,
“Nosotros seguiremos luchando por la reivindicación de nuestros muertos y sus altruistas vidas, y por un futuro con dignidad para el pueblo marginado, aunque no tengamos los medios para hacer frente a la infamia, si los tenemos para pararnos frente a la injusticia” dicha por el Comandante Enrique Haroldo Gorriarán Merlo, mejor conocido cómo El Pelado, conductor de la facción del PRT-ERP que continuó la lucha en Nicaragua, en sus últimos años de vida.--

Fecha: 1/11/2017 | Creado por: Lautaro Raiquen
Etiquetas: Lengua y Literatura, 2doC, 2017, trabajos de escritura
Comentarios (están moderados, aparecerán luego de ser aprobados)
  • Ezequiel hace 2 años
  • Julian hace 2 años
    Esta bueno,me gusto mucho ,pero no entendí como esta relacionado con la metamorfosis.
  • Lorenzo hace 2 años
    Buen cuento +10000 lince cosmico