Ema Sonnschein

Relojes Smith. Así se llama mi amado negocio que fui construyendo desde los 25 años. No era muy grande, pero si reconocido en todo Londres. Tiene esa sensación de seguridad, de hacerte sentir en un hogar.

Desde muy chico me obsesionaron los relojes, siempre quería investigar qué era lo que tenían adentro, que era lo que producía ese “tic tac” que a todos les molesta. Las mallas con diferentes colores y texturas que hacían que esos pequeños números se vean mucho más delicados.

Una de las principales razones por la que me mude a Londres fue para investigar el Big Ben en todos sus aspectos porque es el reloj de cuatro caras más grande del mundo.

Como dije antes, mi negocio es uno de los más conocidos. La mayoría de mis clientes son personas muy importantes cuyos relojes debían ser entregados para la fecha que ellos quisieran.

Una vez un embajador muy importante con mucho dinero me pidió que le arregle su reloj. Un reloj muy importante importado de Suiza con una malla negra brillosa muy delicada. Lo quería devuelta para dentro de dos días, muy poco tiempo para arreglar un reloj tan especial y que quede perfecto.

Día y noche trabajando solamente en ese especial artefacto, sabía que si no llegaba a tiempo, mi reputación y la de mi negocio podían quedar acabadas.

Casi no dormía y con el paso de los días iba perdiendo el pulso, esto hacía que mi trabajo sea cada vez más difícil.

Al llegar la noche yo seguía en el negocio, donde perdía cada vez más mi paciencia. Pero esta vez me sentía diferente, muy raro. Mi vista se empezó a nublar y mis oídos estaban tapados, luego me desmaye.

Al despertarme no me sentía cómodo, definitivamente no estaba en una camilla de algún hospital. La cabeza me dolía muchísimo, sentía como si me estuvieran pegando con dos martillos en la cabeza pero con los sonidos de “tic tac”, eran sonidos que no terminaban nunca. Ahora entendía porque a la gente le molestaba tanto.

Lo único que podía ver en ese momento eran números, del uno al doce. Comencé a sentir cosquillas en la panza producida por tres líneas rectas. Dos gruesas y una finita, cada segundo y cada minuto.

Finalmente entendí todo lo que ocurría, quien había sido un famoso reparador de relojes se había convertido en nada más y nada menos que un reloj.

Ahora, después de casi 25 años de querer descubrir todo sobre relojes y su funcionamiento pude entenderlo todo. Lo estaba viviendo en carne propia.

Fecha: 1/11/2017 | Creado por: Ema
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Comentarios
  • Joaquin hace 2 años
    Torla te bendijo con esta capacidad de escritura, felicidades