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Desde muy pequeño, el fanatismo por lo superhéroes me sobrepasó, siempre había soñado con ser uno de ellos, en especial Megator. Podía pasar horas frente a la televisión, mirando su serie, la cual siempre me dejaba una enseñanza.

Desde que tengo memoria, había soñado con tener el disfraz de Megator, mi superhéroe favorito, quien era musculoso, audaz, e inteligente; yo admiraba su manera de ver el mundo. Era definitivamente mi ídolo. Mi cuarto estaba lleno de afiches y carteles, con fotos del lugar donde vivía, sus trajes y muchas cosas más. Mi favorita era la que veía justo cuando despertaba, la de su cinturón, el cual, con sus finos y asombrosos detalles amarillos y plateados, activaba sus súper poderes. Debido a mis buenas calificaciones escolares, mis padres, como premio, quisieron hacerme un regalo, algo que yo deseara. Ese día fue inolvidable para mí, y sin dudarlo un solo segundo, elegí el disfraz de Megator.

Al día siguiente fuimos a la juguetería, iba feliz por la calle pensando en cómo me quedaría, si tendrían mi talle… En el negocio corría por los pasillos buscando desesperado ese traje, el cual me estaba esperando. Nunca había sentido esa sensación de tanta felicidad.

Llegamos a casa, venía con la bolsa apretada en mi mano. Corrí, me saqué las zapatillas y al ponerme el traje me sentí distinto, algo me pasó, me quedaba genial, sus rayas plateadas y amarillas brillaban como nunca. Los miré a mis papás emocionados. Salí a la calle como una flecha, todos me preguntaban si era nueva. Esa noche, ya pensaba dormir con el traje puesto, no me lo sacaría por ninguna razón.

Desperté con el traje. No tenía ganas de ir a la escuela, estaba muy cansado. Pensé cómo convencer a mis padres para no asistir al colegio, y debido a mi insistencia, lo logré. Entonces, pasé todo el día siendo Megator. Como todos los martes por la tarde, salimos con papá, íbamos al parque por nuestro camino preferido, lleno de árboles imponentes, cuyas flores y hojas  plateadas iluminaban el camino. Ambos disfrutamos de ese momento. Llevábamos barriletes, los que había construido mi papá cuando era chico, junto a mi abuelo. Yo tenía uno preferido, el cual, me hacía acordar a Megator porque sus rayas amarillas se semejaban a las de su traje. Además, trepaba el tiempo como ninguno, con gran facilidad.

Hasta que llegó la noche, era mi turno para bañarse, por desgracia, me tenía que sacar el traje. Traté de quitármelo solo, pero me iba muy ajustado. Llamé a mi mamá para que me ayudara, y tampoco pudo; luego de que probaran una y otra vez, no hubo forma. En consecuencia, mi papá sugirió ir al hospital para pedir ayuda. Allí, luego de larga espera, nos atendieron y nos revisaron. Estaba nervioso, no entendía mucho lo que estaba pasando. Nos hicieron caminar por un largo pasillo, lleno de puertas. Luego de una larga espera, el médico sin asombro, nos dijo: “ No hay vuelta atrás”. No entendía lo que estaba pasando, al salir, mis padres me explicaron la situación. Era como un gran tatuaje, ya no me lo podria sacar.

Volvimos a casa, mama preparo la cena y me fui a dormir temprano, había sido un día agotador, además, al día siguiente tenía examen.

Cuando desperté, luego de esa larga noche, abrí mis ojos, y vi en la pared, el cinturón de Megator, el cual, comenzó a moverse; su hebilla me encandilaba. Abrí los ojos más grandes y pude ver cómo tomó impulso para salir volando, dejando una estela de luz. Estaba sentado en la cama y paré con energía, y sin darme cuenta el cinturon me recorrió la cintura y se ajustó. La luz de la hebilla ya no era tan intensa. Gire mi cabeza varias veces para observar el cuarto, en el cual había una ventana de grandes dimensiones.Una puerta se abrió con el viento provocando un fuerte ruido; me asuste. Había sido porque mi papá estaba preparando el despegue, ya que ese dia iriamos a conocer una estación espacial, nueva y desconocida para mí. Me quedé durante unos minutos, mirando el paisaje por la ventana; era fascinante, con su tierra rojiza y violácea, una atmósfera neblinosa, la cual no me dejaban ver el horizonte. ¿Había horizonte?

Un cielo arremolinado con colores rosados y verdosos, cuerpos suspendidos, volando, los cuales dejaban estelas brillantes, como líneas dibujadas en el espacio, que chocaban entre sí. Me pregunté dónde estaría mi misión. De repente, se vinieron a mi mente las acciones de Megator. Siempre contra el enemigo, al rescate de los inocentes; eso me atrapaba de su actitud, tan noble y valiente.

Subí para estar más cerca del área de despegue, en una montaña con viento y neblina, la cual quizá dificultaría nuestro vuelo. Seguramente, papá me daría las instrucciones para poder manejarlo. Buscaba durante el viaje las vistas y colores más espectaculares, en realidad, las mismas se presentaban. Estaba entusiasmado por llegar, este sería un viaje fantástico, interesante, donde aprendería muchas cosas.

El vuelo me costaba un poco, pero de a poco iba solucionando los problemas.

Tenía fe en mí.

Al caer la tarde, regresamos, estaba exhausto, me di cuenta de que todavía no podía encarar misiones yo olo. Era el momento de aprender.

Pero el viaje que más disfruté fue cuando mi papá me regaló una mascota, Tizo, se parecía mucho a mi gato, el cual siempre andaba por tejados vecinos, buscando a todas las gatas del barrio.

Fecha: 27/10/2017 | Creado por: Martina Maria
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