La festividad de Shavuot es también llamada “Zman Matán Toratenu”, “El tiempo de la entrega de nuestra Torá”, ya que, según la tradición, rememoramos que fue entonces, hace más de 3000 años, cuando Moshé descendió del Monte Sinaí con las Tablas de la Ley y se las entregó a Benei Israel.

 

  “No digas que la Torá fue entregada sólo para esos días y que sólo era buena en las  

  condiciones de vida de hace miles de años atrás.

  El contenido y el espíritu de las leyes de la Torá son lindos para todos los tiempos y

 pasarán muchos años hasta que el hombre pueda vivir por lo menos,

según los Diez Mandamientos

                                                                                                  Oraj Jaim

 

 "La Biblia es el Libro - fuente del judaísmo. Al mismo tiempo, es considerado universalmente el    

 Libro de los Libros, el Libro más importante de la historia de la humanidad. Ha sido traducido a

 todos los idiomas y es, sin duda, el Libro más  leído en la existencia del género humano"

                           Extraído del libro "Yo y mi judaísmo" de Bernardo Kliksberg

 

 Ahora, te propongo leer el siguiente cuento    

  Ante la Ley              

                       Franz Kafka (Cuento extraído de la novela “El proceso”)

  Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta al guardián y le

  pide que le deje entrar. Pero el guardián contesta que de momento no

  puede dejarlo pasar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde se lo

  permitirá.

  - Es posible - contesta el guardián -, pero ahora no.

  La puerta de la ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián 

  se hace a un lado, el campesino se inclina para atisbar el interior.

  El guardián lo ve, se ríe y le dice:

 - Si tantas ganas tienes - intenta entrar a pesar de mi prohibición.

 Pero recuerda que soy poderoso.Y sólo soy el último de los guardianes.

 Entre salón y salón hay otros tantos guardianes, cada uno más poderoso

 que el anterior. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo soportar 

 su vista.

 El campesino no había imaginado tales dificultades; pero el imponente 

 aspecto del guardián, con su pelliza, su nariz grande y aguileña,

 su larga bárba de tártaro,  rala y negra, le convencen de que es mejor

 que espere. El guardián le da un banquito y le permite sentarse a un lado

 de la puerta.  Allí espera días y años. Intenta entrar un sinfín de veces y 

 suplica sin cesar al guardián. Con frecuencia, el guardián mantiene

 con él breves conversaciones, le hace preguntas sobre su país y sobre

 muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de

 los grandes señores, y al final siempre le dice que todavía no puede dejarlo

 entrar.

 El campesino, que ha llevado consigo muchas cosas para el viaje, lo ofrece

 todo, aun lo más valioso, para sobornar al guardián. Éste acepta los 

 obsequios, pero le dice:

 - Lo acepto para que no pienses que has omitido algún esfuerzo. 

 Durante largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián:

 se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo

 separa de la ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años

 abiertamente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece,

 sólo entre murmullos.

 Se  vuelve como un niño, y como en su larga contemplación del guardián

 ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, ruega a las pulgas

 que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente su vista se debilita,

 y ya no sabe si realmente hay menos luz o si sólo le engañan sus ojos.

 Pero en medio de la oscuridad

 distingue un resplandor, que brota inextinguible de la puerta de la ley.

 Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de

 esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que

 hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque,

 ya que el rigor de la muerte endurece su cuerpo.

 El guardián  tiene que agacharse mucho para hablar con él, porque la 

 diferencia de estatura entre ambos ha aumentado con el tiempo.

 - ¿Qué quieres ahora? - pregunta el guardián -. Eres insaciable.

 - Todos se esfuerzan por llegar a la ley - dice el hombre -;

  ¿cómo se explica, pues, que durante tantos años sólo yo intentara entrar?

 El guardián comprende que el hombre va a morir y, para asegurarse de que oye

 sus palabras, le dice al oído con voz atronadora:

 - Nadie podía intentarlo, porque esta puerta estaba reservada solamente 

  para ti. Ahora voy a cerrarla.

 

 

Fecha: 14/5/2018 | Creado por: Elizabeth Penina
Categoria: Conmemoraciones
Etiquetas: Fuentes, 6ª, 2015