Hola chicos: esta modalidad de evaluación es una práctica común en la universidad. Me propongo prepararlos para que llegado ese momento esta forma de examen sea algo que puedan hacer sin dificultad. Una de las ventajas es perder el miedo a la situación de examen. En casa, con tranquilidad, los invito a resolver lo que leerán a continuación. Animense !!!

1)       Lean atentamente los siguientes relatos. Registren quién es el protagonista, a qué clase social corresponde,  qué actividad realiza y con qué problemas se enfrenta.

 

Texto 1

Roma, Idus de marzo, año de! Consulado de Licinio y Sextias (367 a.C  a  366 a.C.)

 

Queridísimo tío:

                        Seguramente habrán llegado a tus oídos noticias del escándalo en que me vi involucrado. ¡Y recién empiezo en mi cargo anual como pretor urbano! Mientras estaba sentado en mi tribuna en el Foro, apareció mi compañero, el patricio Marco Cayo, quien trajo a la fuerza, con sus clientes (pues no quería venir), al líder plebeyo Livio Druso reclamándole la entrega de una propiedad que decía pertenecerle. Ordené entonces iniciar el procedimiento que la tradición establece: ambos, frente al bien disputado, hicieron con varillas el simulacro de combate; luego cada uno defendió su postura. ¡Vieras qué discusión!

                        Y no era para menos, pues se estaban disputando una hermosa esclava corintia. Luego de depositar ambos la suma que les exigí como multa, inicié las averiguaciones correspondientes. Después de varios días, los cité nuevamente ante mi presencia y fallé­  en contra del plebeyo Livio Druso; entregándole mi compañero, Marco Cayo, el bien y la suma depositada.

                        Lo que pasó a continuación es indigno hasta de contar. El plebeyo Livio reaccionó airadamente. Me  acusó de favoritismo y pidió al otro pretor que reviera la causa. ¿Y sabes quién era el otro pretor? Emilio Flavio, de quien se sabe anda en buenos términos con los más renombrados plebeyos. Temo que falle a su favor. Si esto ocurre la causa seguramente llegará a los cónsules. Estos plebeyos están cada día más pretensiosos. No sólo cuestionan nuestra autoridad, sino que además exigen ocupar los cargos que por tradición nos corresponden. ¡Y lo peor es qué hay patricios que están empezando a considerar esto como una posibilidad Se dice que ambos cónsules, Licinio y Sextias, están estudiando aprobar algunas reformas. ¡ Los dioses nos protejan!

 

Texto 2

 

Roma, calendas de abril, año del Consulado de Cornelio Pluvio y del mío.

 

Queridísimo amigo:

                        Aprovecho el viaje del barco mercante "Némesis" para mandarte estas nuevas con su capitán. Tengo la dicha de informarte que fui electo por los comicios (junto con Cornelio Pluvio) para ocupar este año el cargo de cónsul. ¡Me costó una verdadera fortuna comprar los votos necesarios!

Pero tú, como ateniense, sigues sin entender nuestro sistema. Recordarás cómo mi padre                                                                                                                                    te agradeció aquel esclavo tebano, que le regalaste, para entrenarme en el arte de la retórica griega y latina cuando cumplí los catorce años y fui declarado mayor. Mi padre había resuelto iniciarme en la carrera de las magistraturas. Por ello, a los diecisiete, empecé a asistir asiduamente o las reuniones de los Comicios tratando  de destacarme en los debates. Cuando cumplí los veintisiete, y tal cual la ley lo establece, pude postulante para el cargo de cuestor.

            En ese puesto me destaqué por mi rectitud: cobré los impuestos sin aceptar ningún soborno. Mi fama y mi fortuna, me permitieron ser reelecto luego de los intervalos obligatorios, dos veces más. Rechacé la propuesta de algunos amigos de presentarme a la elección de edil, pues no consideraba digno de mi cumplir funciones de policía.

                        Cuando derrotaron a Mitrídates (64 a.C.) el Senado me nombró procónsul para administrar la provincia de Ponto. Para celebrar, recordarás, organicé una fiesta popular que duró tres días. ¡Jamás se vieron en Roma combates de gladiadores tan buenos, carreras de carros tan emocionantes, representaciones teatrales tan realistas! De todas las provincias vinieran productos para el banquete: flamencos de Egipto, faisanes de Galia, tordos de Etruria, caviar del Ponto y vinos de Creta.

           

                        Como fija la costumbre, quería que todos los ciudadanos compartieran mi alegría. ¡Fue una magnífica inversión!  Ponto era una región riquísima y pronto podría no sólo restablecer mi fortuna familiar sino, incluso, incrementarla significativamente. Mis contactos familiares en el Senado me permitieron mantenerme allí durante cinco años.

                        Cuando volví a Roma (pues no era conveniente estar demasiados años ausente) mi gens comenzó los contactos para lograr mi postulación al Consulado. La fortuna acumulada en el Ponto me fue imprescindible para comprar los votos de las noventa y seis centurias necesarias para ganar la votación. Fue muy reñida: la gens Pluvia también había volcado toda su fortuna en la elección, lo cual hizo subir el costo extraordinariamente. Sobre el final pactamos compartir el Consulado.

                         Quisiera compartir mi alegría contigo. Aristarco ¡ven pronto a Roma! Con el poder que tengo no me resultará difícil lograr tu ciudadanía, hay muchos puestos subalternos esperándote. Necesito gente con tu capacidad para asesorar en la administración de las provincias griegas. Comunícame tu decisión por medio del capitán del Némesis ¡Qué la diosa Fortuna te sonría!

 

Texto 3

 

Antonio Cadio era el padre de una extensa familia sobre la que ejercía una fuerte autoridad, acorde a las costumbres romanas.

Vivía en la capital de! Imperio durante la segunda mitad del siglo II d. C. donde cumplía funciones de Senador, aunque ocupaba gran parte de su tiempo en periódicos viajes al campo, donde poseía fincas en las que se cultivaban cereales. La mayor de las preocupaciones de Antonio Cadio era reunir las elevadas sumas de monedas de oro y plata que la exigía el Estado en concepto de impuestos toda vez que asumía un emperador, y en

cada quinto aniversario de ese hecho debía ceder al fisco una suma de oro. Además, como senador, estaba obligado a contribuir con “oro de la corona” durarte la celebración de actos memorables.

Por otro lado, como terrateniente, el principal impuesto que Antonio debía pagar era la "annona" que, si bien no era recaudado enteramente en metálico sino también en especie, le reducía un porcentaje de la producción de cereales de sus fincas, que él pretendía disponer para la venta.

 

Texto 4

 

 Entre los 97 y 115 d.C. Marco Libanios fue el propietario de una panadería en la ciudad de Roma. Todas las mañanas fabricaba, junto a dos empleados, varios tipos de panes y masas. Sus clientes del barrio concurrían desde temprano a hacer sus compras, pero recién a media mañana Marco esperaba al principal comprador. Alrededor de las 10 hs. llegaba un carro del Estado al que la panadería vendía la mayor parte de su producción. El carro partía desde allí hacia los distintos barrios de  la ciudad para repartir el pan gratuitamente entre los pobres de la "plebe" romana.

Marco debía separar parte de sus ganancias para llegar a acumular monedas de oro y plata que debía destinar al pago de sus impuestos. El más importante era el chrysagyrum y se destinaba a financiar espectáculos imperiales y donativos al ejército.

 

Texto 5

 

En el siglo II d.C. la jornada de un pequeño escolar romano como yo, comienza igual que en Grecia, desde el alba, desde la madrugada, aún en pleno invierno, a la luz de las lámparas.

Me despierto, llamo al esclavo y le hago abrir la ventana; él la abre enseguida. Me levanto y me siento al borde de la cama; le pido entonces las vendas y el calzado, pues hace frío.

Ya calzado, tomo la toalla: me proporcionan una bien limpia y me traen el agua, para lavarme, en una vasija. Me enjuago las manos, me lavo la cara y me limpio la boca frotándome los dientes y las encías; me sueno las narices, y me seco como corresponde a un niño bien educado.

Me quito luego el camisón y me peino; me pongo la túnica, me ajusto un pañuelo en el cuello, me perfumo la cabeza y me coloco la capa. Salgo entonces del dormitorio con el pedagogo y con la nodriza para saludar a papá y a mamá. Saludo a ambos y los abrazo.

Busco mi cuaderno y se los doy al esclavo para que me los lleve. Y ya todo dispuesto, me pongo en camino, acompañado por mi esclavo y tomo por el pórtico que lleva a la escuela que sostiene el Estado.

Mis compañeros salen a mi encuentro y nos saludamos. Llego ante la escalinata y subo los escalones con toda parsimonia, como es debido a alguien de mi posición. Dejo mi capa en el vestíbulo, me doy un toquecillo con el peine, entro y digo: "Salud, maestro" El maestro me abrazo y contesta mí saludo. El esclavo me alcanza entonces mis tablillas enceradas.

Cuando ha concluido de aprender mi lección, le pido permiso al maestro para almorzar en casa. Allí tomo un poco de pan blanco, aceitunas, queso, higos secos y nueces; bebo agua fresca y, no bien termino el almuerzo, vuelvo a la escuela. El maestro se apresta a leer y nos dice: ¡A  trabajar!

La jornada concluye en las termas. Finalmente retorno a casa para la cena.

 

Texto 6

 

 El día fijado para el reclutamiento (dilectus), los hombres movilizables, es decir los que nos encontrábamos entre una determinada franja de edad, nos tuvimos que reunir en el  Capitolio porque se iban a tomar a los diferentes jóvenes que debíamos integrar las cuatro legiones, formada cada una por 4500 a 5000 hombres. Después los soldados elegidos tuvimos que jurar fidelidad a nuestros generales. Todos llevababamos una coraza Los más pobres, de tiras de cueros, y los más ricos, de mallas de metal. En la cabeza, un casco de metal coronado con plumas púrpuras o negras. Como arma defensiva, un escudo. Como armas ofensivas, espadas, jabalinas, dardos o lanzas según la categoría del soldado.

De esta manera, los jóvenes como yo, integramos el ejército romano que tantas glorias trajo a la República y que tanto está beneficiando al Imperio.

 

 

2)       Ubiquen cada texto en una época de la historia de Roma.

3)       Agrupen los textos de acuerdo a la época a la que pertenecen y expliquen las características de la forma de gobierno, usos y costumbres,  que corresponde a las mismas.

4)   Confeccionen un relato donde ustedes sean los protagonistas y que se llamará:" Una visita guiada por Roma, donde comparen la organizacion politica , socio-económica y cultural de Roma y de la Argentina.

Fecha: 29/7/2018 | Creado por: Marta Beatriz
Categoria: Actividades generales 1°
Etiquetas: trimestre, tercero, rodriguez, marta, sociales