Juan Sasturain es un periodista y escritor, interesado por el fútbol y su cultura, y escribió este texto en referencia a la critica de Borges al fútbol. Leanlo y reflexionen según los conceptos de naturalización social y cultura.

/…/

El comentario burlón y borgeano de describir al fútbol como el absurdo espectáculo de veintidós pelotudos corriendo detrás de una pelotita mientras otros miles o millones (de pelotudos) los miran es compartible en casi todos sus términos. Una vez más el maestro del tanteo tiene razón. Cabe aclarar – eso sí – que cualquier otra actividad humana produce, si se la observa y describe con objetividad, la misma sensación de extrañeza y sinsentido: trabajar en una oficina de 9 a 18 vestido de traje y corbata ante una máquina y atendiendo regularmente un aparatito receptor de voces a distancia; forzar el cuello durante horas frente a pantallas en que se cotizan valores que no existen sino en el aire viciado de los especuladores y llegar a la úlcera por el oscilar de los numeritos … Cortázar y Perec, entre otros, han cultivado el estupor, revelando el absurdo con la sola descripción minuciosa de lo que pasa. Si acordamos con Macedonio que vivir es ditraerse (de la muerte, de qué si no), no hay mucho que comentar.

Y con respecto al placer vicario del espectador/consumidor, creo que es lo mismo, groseramente hablando, ver un partido de fútbol que asistir a una función de teatro o leer una novela. Me refiero al gesto de entrega, de regalo de la atención, no a la calidad de los resultados, que dependen proporcionalmente tanto de la excelencia del objeto observado como de la sensibilidad del espectador. Demasiado obvio acaso, pero tan verdadero: es más útil y enriquecedor para el espíritu y para la vida ver jugar a Riquelme que leer a Aguinis; del mismo modo que está mucho mejor empleado el tiempo con un cuento de Salinger que con la contemplación de Sampdoria – Perugia.

Lo que está en cuestión no es, realmente, si el fútbol es importante o no. Su trivialidad es del mismo orden que la de la jardinería o el alpinismo; la administración de empresas y los diez mandamientos incluso. Se puede vivir sin ellos. Y en eso el fútbol es como la pesca, el cine, la literatura, el póquer, la bolita con rodilleras o el budismo zen: qué pone o saca uno – que no es otro sino uno – de esa experiencia que puede ir, en todos los casos, del entretenimiento más imbécil y alienado al saludable vislumbre de la belleza, al soberbio temblor metafísico.

La experiencia futbolera tiene – para el que puede o quiere – con qué alimentar la aventura personal de inventarse un sentido.

 

Juan Sasturain: Wing de metegol. De qué hablamos cuando hablamos de fútbol. Libros del Rescoldo. Buenos Aires, 2004, pág 12 

Fecha: 26/6/2018 | Creado por: Ariadna