En Egipto, al norte de África, surgió el primero reino unificado de la historia. Su expansión estuvo asociada a la relación de los seres humanos con el control de la naturaleza. El Antiguo Egipto se desarrolló a orillas del rio Nilo, en un proceso histórico complejo que duró más de tres mil años.

Ubicación geográfica:

El proceso de unificación: nacimiento del Estado unificado

Previamente a la unificación del territorio existieron dos clanes independientes, uno en el Alto Egipto y otro en el Bajo Egipto, alrededor de un jefe un tótem común. Cada clan poseía su propia autoridad y vivían mediante actividades como la agricultura, ganadería, pesca y artesanía. Pero en un momento comienzan a sucederse conflictos por el control del territorio, los recursos y el agua. Dado que la región del Bajo Egipto era mucho más fértil y conveniente para vivir, los dos clanes se enfrentan con la intención de dominarse unos a otros y crear un único estado centralizado en todo el territorio.

Finalmente, el proceso surgido en el valle desembocó en la constitución de un reino unificado que comprendía el Alto y el Bajo Egipto. Este logro se atribuye al legendario rey Menes, también llamado Narmer, quien habría sido el primer faraón de Egipto y fundador de la primera dinastía. Para simbolizar la unión de las dos tierras, el Alto y el Bajo Egipto, el faraón usaba una doble corona: una corona blanca que representaba el Alto Egipto y una corona roja que presentaba el Bajo Egipto.

Periodización en la historia de Egipto.

El Antiguo Egipto se extendió durante el período comprendido entre el año 3100 a.C. y el 332 a.C. En esa etapa se distinguen periodos de centralización del poder, cuando el Estado permanecía unificado bajo un solo soberano, y otros de fragmentación política, llamados periodos intermedios, caracterizados por crisis internas o invasiones externas.

La Historia del Antiguo Egipto se divide en ocho etapas: hubo épocas de prosperidad, que coincidían con los periodos de unidad. Lo periodos intermedios, eran periodo de anarquía, inestabilidad política, desorden y debilitamiento del poder central. Las crisis se debieron al aumento de la influencia de algunos funcionarios que competían por el poder con el faraón, por dificultades económicas y sociales o por las invasiones de extranjeros en el territorio.

                                                      

  • Periodo Dinástico Arcaico: entre el 3100 a.C. y el 2649 a.C.: Dinastías I y II. Tras la unificación del Alto y Bajo Egipto, se instaló la capital del reino en Tinis. Fue el momento de desarrollo de la escritura egipcia.
  • Reino Antiguo: entre el año 2649 a.C. y el 2134 a.C.: Dinastías III a VIII. La organización centralizada de la administración y de los recursos permitieron desarrollar grandes obras arquitectónicas, como las pirámides de los faraones Keops, Kefrén y Micerinos, en Giza. La capital se estableció en la ciudad de Menfis.
  • Primer Período Intermedio: se extendió entre el 2134 a.C. y el 2040 a.C.: Dinastías IX a XI. Fue una época de disturbios sociales y crisis del poder central, que se vio enfrentado a los poderes locales.
  • Reino Medio: entre el 2040 a.C. y el 1640 a.C.: Dinastías XII a XIV. Después de la reunificación, la nueva capital se estableció en Tebas. Los gobernantes de las ciudades comenzaron a ser designados por el poder central y cobró relevancia la figura del visir, el primer ministro, mano derecha del faraón.
  • Segundo Período Intermedio: entre el año 1640 a.C., y el 1550 a.C.: Dinastías XV a XVII. Egipto fue invadido por los hicsos, pueblo de origen semita que ocupó el delta y gobernó el territorio desde la ciudad de Avaris.
  • Imperio Nuevo: entre el 1550 a.C. y el 1070 a.C.: Dinastías XVIII a XX. Tras la expulsión de los hicsos, se emprendieron campañas militares que se extendieron las fronteras de Egipto hasta Palestina y Siria, en el este, y Nubia en el sur. La capital volvió a ser Tebas.
  • Tercer Período Intermedio: se extendió entre el 1070 a.C. y el 712 a.C.: Dinastías XXI a XXV. Fue un periodo caracterizado por tensiones internas entre el poder real y el poder religioso. Estos conflictos aceleraron el debilitamiento del Estado.
  • Época Tardía: entre el 712 a.C. y el año 332 a.C.: Dinastías XXVI a XXXI. En este periodo Egipto sufrió invasiones de varios pueblos, hasta que la conquista de Alejandro Magno en el año 332 a.C., terminaron con la autonomía política egipcia.

El Estado y la administración

La imagen del faraón como rey y dios viviente: Estado teocrático

La organización del Estado egipcio estaba dominada por un rey, el faraón, que tenía poder absoluto. Era el dueño de todas las tierras y el símbolo de unidad del país. Los egipcios consideraban al faraón como un dios en la Tierra, y a la vez como el representante de los hombres ante Los dioses. Se lo identificaba con Horus, el dios halcón de la realeza, y como hijo de Ra, el Sol, y simbolizaba la unión de lo cósmico con lo humano.

La figura del faraón como rey del Alto y el Bajo Egipto, significaba la vigencia de un orden inalterable. En este sentido, el faraón garantizaba la prosperidad del reino a través de las crecidas del Nilo y las buenas cosechas.

Esta imagen del monarca, basada en la religión, no fue la misma en las distintas épocas. Durante los diferentes periodos se identificó al faraón como un rey guerrero, unificador del territorio, durante las primeras dinastías; también se lo asimiló al rey dios absoluto, vigente en el Reino Antiguo; al buen pastor de su pueblo, en el Reino Medio; y al líder militar del Imperio Nuevo. Cuando el faraón moría, era momificado para conservar su cuerpo en lo que se pensaba era su paso al reino de los muertos. El cuerpo momificado del faraón descansaba al interior de grandes construcciones de piedra, las famosas pirámides de Egipto.

¿Qué significa que el Estado egipcio era un estado teocrático?

Una Teocracia es un gobierno en que la autoridad se considera emanada de Dios. En Egipto el faraón no era un representante de los dioses en la Tierra, sino que era considerado un dios viviente. Su poder absoluto radicaba en la creencia del pueblo egipcio de quien los gobernaba era la propia divinidad.

Los egipcios consideraban al faraón más que un simple hombre; era un dios sobre la Tierra y como tal reverenciado y temido. Era el jefe absoluto del Estado con autoridad para disponer libremente de todas las fuerzas materiales del territorio. En su persona se encarnaba el Estado: su voluntad era la única autoridad. Todos sus súbditos, desde el más rico y poderoso funcionario hasta el campesino más pobre, lo obedecía incondicionalmente. En la monarquía egipcia heredaba el reino el primer hijo varón.

Los faraones eran los únicos verdaderos propietarios del suelo y de las minas, los únicos legisladores, los únicos jueces, los únicos que decidían sobre la paz y la guerra ya que toda la autoridad emanaba de ellos. Además, llevaban atributos reservados únicamente a ellos: la doble corona (herencia del Alto y Bajo Egipto), la barba postiza y el halcón.

Los símbolos del poder real

La realeza tenía como atributos varias coronas y cetros, símbolos de poder, prosperidad y protección. Entre las coronas, la más importante era la Doble Corona, que representaba la unificación de dos regiones. Los faraones solían utilizar también el Nemes, una cubrecabeza de tela que pasaba por detrás de las orejas y se anudaba en la nuca. En las máscaras de los féretros reales suelen aparecer con franjas azules y oro.

Los cetros más utilizados eral el cayado y el flagelo. El primero reproducía el bastón que utilizaban los pastores para conducir a las ovejas, mientras que el segundo era un bastón corto con cintas y perlas colgantes.

En la fiesta de coronación, el faraón, además de recibir nombres que lo relacionaban con los dioses, se sentaba sobre un trono donde se grababan y unían el loto y el papiro; ambas plantas que simbolizaban el Alto y el Bajo Egipto, respectivamente.

El palacio, los templos y los altos funcionarios

Para poder ejercer el poder político, militar, administrativo y judicial, el faraón era asistido por un conjunto de funcionarios ligados a la corte, el palacio y los templos,

El término palacio hacía referencia a la residencia principal del faraón, un conjunto de edificios residenciales y administrativos. Además, designaba a todas las residencias secundarias del rey en todo Egipto: talleres, oficinas, depósitos, campos, rebaños y puertos, junto con los funcionarios, escribas y artesanos que las ocupaban y que dependían de la administración central. De esta manera, el palacio era una organización administrativa, económica y social presente en todo el país.

Los templos tenían una estructura similar al palacio. Los fundaba el propio faraón, y eran unidades administrativas y económicas autónomas dentro del Estado. Estaban administrados por los sacerdotes, que organizaban el culto a los dioses y al faraón. Poseían barcos, tierras, rebaños, funcionarios y escribas.

Los altos funcionarios, que podían ser consejeros reales, oficiales de la corte, jefes militares o gobernadores, actuaban como agentes del palacio y de los templos. Debido a que poseían bienes propios, gozaban de una relativa autonomía que les permitía disponer de numerosos bienes y funcionarios subalternos. Al igual que el palacio y los templos, cada alto funcionario concentraba y redistribuía tributos, bienes y servicios. El funcionario más importante era al visir, quien se responsabilizaba de toda la administración del reino. Además del visir, estaban los nomarcas. Existían provincias llamadas nomos que estaban gobernadas por gobernadores llamados nomarcas. Ellos eran los encargados de cobrar el impuesto, vigilar a los campesinos y asegurar la recaudación del excedente. También se encargaban de redistribuir alimento en épocas de sequias y malas cosechas. Eran agentes del Estado egipcio.  Fueron lo nomarcas los que aumentaron su poder político durante el primer periodo intermedio desestabilizando al poder faraónico.

Los escribas

Los escribas eran un tipo especial de funcionarios estatales, que eran esenciales para el funcionamiento de la burocracia estatal. Tenían conocimientos de escritura y cálculo, y su responsabilidad principal era el registro de personas, ganado y riquezas del reino, para calcular de manera correcta los impuestos, la distribución de los recursos y otros requerimientos del Estado. En el reino Antiguo, se creía que los escribas eran los inventores de la escritura, debido a que creaban los signos que la componían.

Los escribas también eran intérpretes de aquellos que no sabían leer, que eran la mayoría de la población. Con el tiempo comenzaron a cumplir cada vez más funciones: redactaban documentos oficiales, elaboraban censos y desarrollaron la literatura egipcia.

Economía y la sociedad

La sociedad egipcia era una sociedad jerárquica, lo que significa que existían diferencias de riqueza y poder entre sus miembros. A continuación, un dibujo de la pirámide social egipcia:

 

Las actividades económicas

La economía egipcia estaba basada en la agricultura intensiva y la ganadería. El régimen regular de las crecidas del río Nilo determinaba los ritmos de la producción, y los antiguos egipcios dividían el año en tres estaciones de cuatro meses cada una: inundación, cosecha y sequía. Los cultivos básicos eran el trigo duro, con el que hacían el pan; la cebada, con la que elaboraban cerveza, y lino, que utilizaban para confeccionar el vestuario. En menor medida se producían legumbres, hortalizas y frutas. Los animales domésticos más usuales eran los bueyes, los asnos, las ovejas, los cerdos y diversas aves. En el río y los pantanos realizaban actividades de caza y pesca. La agricultura también proveía materias primas para la fabricación de ladrillos y vasijas de arcilla.

 

La distribución de las tierras

Las tierras en el Antiguo Egipto estaban distribuidas entre los distintos sectores sociales. Las grandes propiedades pertenecían a la realeza: estas tierras eran propiedad del palacio o del propio faraón. También había grandes extensiones de tierra pertenecientes a los templos y a los altos funcionario; estos disponían de propiedades ligadas al cargo que desempeñaban o eran recibidas por herencia. Tanto las tierras de los templos como las de los funcionarios pagaban impuestos para sustentar a rey y a la corte.

Además, había también tierras comunales en las aldeas. Estas tierras pertenecían a toda la comunidad y producían los alimentos necesarios para la subsistencia de la población.

La organización de la economía

La mayor parte de la producción agrícola era concentrada por el palacio real y los templos, y era parcialmente redistribuida. Las comunidades locales pagaban un tributo, que podía ser en productos, cereales, ganado, alimentos, tejidos o en trabajo. Este último, denominado corvea real, consistía en realizar trabajos en las grandes propiedades estatales, en las construcciones públicas, en las expediciones a minas y canteras, en el servicio militar. La población campesina era libre, pero estaba obligada a realizar este tipo de trabajos. Mientras duraba la corvea, el trabajador común recibía un pago que solía ser de ocho panes y un pago de cerveza por día.

El Estado organizaba y controlaba el comercio exterior, con el fin de obtener bienes de lujo y materias primas que no se encontraban en la región, como la madera del Líbano, el oro africano, o las piedras semipreciosas y el cobre de Sinaí. La organización de expediciones a minas y canteras las organizaba el propio faraón. Había también un activo comercio local entre ciudades y aldeas, cuya vía de comunicación principal era el río Nilo.

Los campesinos

La mayoría de la población estaba formada por campesinos que vivían en aldeas ubicadas en las zonas fértiles. A pesar de ser los productores de la riqueza del reino, vivían en condiciones muy precarias. Sus casas eran simples cabañas de barro y paja, sin ventanas ni divisiones, con el piso de tierra y un hogar interno. Este espacio era compartido con diversos animales domésticos.

Luego de la crecida del Nilo, los campesinos comenzaban a labrar y a sembrar la tierra. Utilizaban rústicas herramientas de madera fabricadas por ellos mismos, como la azada y el arado tirado por bueyes. Antes de la cosecha llegaban los inspectores junto con los escribas y los vigilantes, para medir los campos y fijar el impuesto que debían que pagar los campesinos al propietario. En caso de no cumplir con lo requerido, tanto los campesinos como sus familias podían sufrir duros castigos, que iban desde simples azotes hasta la esclavitud. Además, entre la siembra y la cosecha debían cumplir con la corvea obligatoria exigida por el Estado.

Ante esas duras condiciones de vida, la forma de resistencia más habitual de los campesinos era la huida de los campos, y este hecho, que constituía una preocupación para los señores, quedó reflejado en la literatura. Por ejemplo, en un texto del Reino Medio, un personaje señala la necesidad de apaciguar a los labradores para evitar que huyeran:

 “Las personas crean lo que existe. Se vive de los que viene de sus brazos; si nos faltan, reina la pobreza (…). No aplastes al cultivador con impuestos. Si él prospera, se encontrará aquí para ti el año que viene. Si él vive, tú dispones de sus brazos. Pero si lo explotas, pensará en volverse un errante”.

Observá la siguiente imagen, ¿qué actividades están llevando a cabo? ¿qué grupos sociales reconoces?

 

Los artesanos

En el Antiguo Egipto existían dos tipos de actividades artesanales que se diferenciaban por su lugar de residencia, las habilidades de los artesanos y los objetos que producían. Por un lado, estaba el artesanado común, que habitaba en las aldeas, donde los campesinos fabricaban los instrumentos y utensilios para el uso cotidiano, como cuencos de arcilla y recipientes de madera. Por otro lado, estaba el artesanado de alta calidad, ubicado en los grandes talleres del faraón, de los templos o de los altos funcionarios, y que era llevado a cabo por artesanos calificados. Hoy en día, la vida de estos últimos es la que más se conoce, no solo por la recuperación de restos arqueológicos de los objetos que fabricaban, sino también gracias a los testimonios que dejaban los señores, quienes ordenaban producir en sus tumbas los trabajos de estos artesanos.

A diferencia de lo que ocurría con los campesinos, las actividades artesanales y los artesanos eran muy valorados en todo Egipto. En el Reino Antiguo, las sepulturas de los artesanos calificados se encontraban próximas a las del faraón. En ellas, los trabajadores ordenaban depositar las herramientas o útiles que habían utilizado, como símbolo de su profesión.

En el Reino Medio, los trabajadores calificados comenzaron a ser identificados por su propio nombre y función, en los registros de las expediciones a minas y canteras, en las tumbas más importantes, e incluso en las suyas propias.

En el Egipto faraónico, los oficios más apreciados eran los cortadores de piedras finas y duras, los fabricantes de vasos de alabastro, los joyeros, los orfebres y fabricantes de mayólicas, los escultores, los pintores y los dibujantes. Los artesanos que trabajaban para el faraón tenían mejores condiciones de vida que el resto de los obreros. Los salarios se pagaban en víveres y puntualmente, y cuando no sucedía se producían huelgas. Por ejemplo, durante el reinado de Ramsés III se produjo una huelga de los obreros del Valle de los Reyes, quienes veían como las raciones de alimentos llegaban tarde y en mal estado. Los trabajadores se amotinaron, abandonaron sus trabajos y se encaminaron hacia los templos para entrar a la fuerza y reclamar su pago. Consiguieron su objetivo y advirtieron que lo volverían a hacer si fuera necesario.

Las mujeres egipcias

En el Antiguo Egipto las mujeres ocuparon un lugar inferior en la escala social; sin embargo, gozaban de algunos privilegios.

Las mujeres egipcias podían recurrir a la justicia, hacerse representar como demandantes y dar testimonio como los hombres. También poseían bienes propios, como tierras y propiedades, las cuales podían comprar y vender.

Con el casamiento, los bienes de la mujer y del hombre permanecían separados, y el divorcio podía ser requerido por cualquier de las dos partes. Incluso, algunas mujeres también desempeñaban tareas en el culto religioso de diversos dioses.

Esta situación de relativa igualdad en algunos aspectos de la vida cotidiana, se limitaba solo a aquellas que formaban pare de los sectores más acomodados de la sociedad. Además, el poder siempre se mantuvo en manos de los hombres, y en los periodos de descentralización o debilitamiento del poder central, la situación legal y económica de las mujeres podía empeorar.

Las mujeres tenían prohibido el acceso a la alfabetización, y por lo tanto el ingreso a la burocracia estatal. El único título que se les daba era el de “Señora de la casa”, a excepción de las reinas (esposas del faraón) y de aquellas mujeres que formaba parte de la familia real.

Como ocurre con todo el material arqueológico hallado de esta civilización, solo se poseen testimonios provenientes del sector gobernante masculino. En las pinturas y grabados de las tumbas, las señoras nunca aparecen realizando tareas agrícolas o pesadas, mientras que a las mujeres egipcias de los sectores menos acomodados se las puede ver realizando trabajos de panadería, tejido o servicios personales.

Las mujeres más pobres también eran convocadas para cumplir con la corvea real. En estos casos se las empleaba en la elaboración del pan, que el Estado luego utilizaba para la remuneración de los trabajadores.

Asimismo, en los registros arqueológicos que se poseen en la actualidad, los hombres y las mujeres más pobres siempre están representados con un color de piel más oscura, para indicar su exposición a la intemperie y a las actividades al aire libre.

 

Sirvientes asistiendo a su señora con su arreglo. Las diferencias de tamaño indican la jerarquía social. Imperio Nuevo.

Fecha: 6/8/2021 | Creado por: Romina Lujan
Categoria: Organización de Egipto