Compartimos las palabras del alumno de Química Alejandro Nesis.

Hoy 12 de Octubre, es el día al que se le asignó el nombre de “día de la diversidad cultural”, a pesar de que anteriormente era erróneamente llamado “día de la raza”, debido a la mala concepción de las diferencias entre humanos, llevándolas a un término biológico que no se corresponde. El origen de la efeméride se remonta a la llegada hispana a América, suceso que sería continuado por una sangrienta batalla entre dos diferentes culturas. Pero, yo me pregunto, ¿Qué podemos aprender a partir de este episodio? Creí propicio observarlo desde un ámbito personal, mi escuela. ORT es un muy claro ejemplo que retoma el concepto de diversidad cultural. Es un ambiente en el cual interactúan jóvenes y adultos de diferentes credos, culturas y nacionalidades. Es un lugar en el que diariamente nos relacionamos mutuamente, enriqueciéndonos con nuestra variedad de opiniones, perspectivas e interpretaciones. De esta forma, aprendemos a aceptar las diferencias y a beneficiarnos por su aceptación.

Particularmente creo que el proceso de integración de la diversidad es un camino inacabable. Es una evolución personal que se desarrolla a lo largo de nuestras vidas, de una forma positiva o negativa. Sin embargo, en mi opinión, es necesario ampliar nuestro espectro de aprobación del prójimo, para poder alcanzar un estado de armonía entre nosotros. Nuestra escuela es un espacio que nos facilita esta tarea, poniéndonos en contacto con muchas clases de adolescentes, y acercándonos a los conocimientos culturales a partir de las materias sociales que contiene el programa escolar. Es un ámbito en el que nos encontramos rodeados de una pluralidad infinita que muchas veces no sabemos reconocer.

Por otro lado, un factor difícil de observar es cuánto nos parecemos los unos a los otros.  Frecuentemente, sólo consideramos nuestras diferencias y no valoramos  nuestro gran parecido. Por otra parte, como Pichon Rivière en su teoría de la psicología social muestra, cuanto más heterogéneo es un grupo, mayor es su enriquecimiento para alcanzar un objetivo común que lo unifique. Es por esto que cada uno de nosotros deberíamos buscar en las diferencias los caracteres semejantes para ayudar a construir una relación de entendimiento que influya fuertemente en la colaboración mutua. Esto es lo que ORT nos induce a hacer. Nuestra escuela, al proponernos actividades grupales, nos lleva a buscar en las diferencias puntos en común que activen una cooperación recíproca.

El individuo se realiza en lo social cuando integra su diferencia a un grupo humano el cual se unifica en la interacción vincular que le permite ampliar su creatividad. Es por esto que, como mencioné con anterioridad, un grupo heterogéneo favorece al enriquecimiento social. Manteniendo cada uno su cultura, su ideología y sus creencias, contribuye al conocimiento y colabora evitando el prejuicio.

Cada persona como ser social, se forma en base a la diferenciación del otro y por identificación u oposición se va construyendo en relación a sus semejantes. Por lo tanto, la diferencia no es un obstáculo que impide una relación, sino una posibilidad para construirse a sí mismo. De esta forma, si bien todos deberíamos ser iguales en cuanto a la posibilidad de tener las mismas oportunidades, es imprescindible el hecho de que seamos diferentes para constituirnos como seres humanos únicos.

Nosotros, los jóvenes, somos los futuros ciudadanos que, en cuanto dispuestos a intercambiar miradas y culturas podremos construir una sociedad más integrada, solidaria, plural y rica en valores.


Fecha: 12/9/2013 | Creado por: Cinthia Noemi
Etiquetas: Diversidad, ORT