A continuación compartimos las palabras que leyó la Prof. Débora Wainschenker en el acto de 2011 por el Día del Respeto a la Diversidad Cultural.

Hace algún tiempo, cuando los estudiantes repasábamos mentalmente los feriados del año, recordábamos más o menos así: primero viene el 25 de mayo; después el 20 de junio, el de Belgrano, que es el Día de la Bandera; el 9 de julio la Independencia y empiezan las vacaciones de invierno; en agosto el 17 es el día de San Martín y después en octubre está el de Colón, que es el Día de la Raza (…)

Por qué el Día de la Bandera era el de la muerte de Belgrano lo entendíamos; por qué el feriado del 12 de octubre era el de Colón, también. Pero no teníamos la menor idea de por qué se llamaba Día de la Raza. ¿De qué raza? Y en todo caso, ¿por qué tiene que haber un feriado para recordar una raza? Y ¿qué tiene que ver esto con Colón? Así, muchos terminamos la escuela primaria y también la secundaria sin haber entendido nunca por qué el día del aniversario del descubrimiento de América se llamaba “Día de la Raza”.

Les cuento qué se hacía en la escuela en el acto del Día de la Raza. Los que recuerdo mejor son los de la primaria. Siempre había un grupo de chicos que se disfrazaban de indios, con un pantaloncito corto y una pluma. Otros, vestidos elegantes, con abrigos largos y sombreros, hacían de conquistadores. Y el papel protagónico era el de Colón. Con algunas variaciones, un año tras otro veíamos en el escenario de la escuela que Colón llegaba con sus hombres, se encontraba a unos indios desconocidos y, por suerte, les enseñaba unas cosas buenísimas y hasta a veces se hacía amigo de ellos. ¿Qué cosas buenísimas les enseñaba? Bueno, su idioma (el de los indios, no sabemos por qué, parece que no valía la pena) y su religión. Así que ahí quedaban los indios al final del acto, tan contentos de haber sido descubiertos, aprendiendo sus primeras palabras en un idioma europeo y jugueteando con las cruces que ahora les colgaban del cuello.

Y nos hacían cantar una canción, que decía “Va por tierras de Castilla un soñador, detrás de una ilusión” (el soñador era Colón), “la más grande aventura ha empezado ese día, Colón señala el rumbo más allá; navegante de estrellas, soñador de caminos, poeta del destino fue Colón”. Y terminaba diciendo “Y América joven despierta de su sueño, es Colón que ha besado la tierra con amor. Como emblema de todo lo que guarda en el pecho, la cruz junto a su beso le dejó; navegante de estrellas, soñador de caminos, poeta del destino fue Colón”.

Al principio nos parecía muy lindo. Después, a medida que crecíamos, al final de la primaria o ya en la secundaria, nos íbamos enterando en las clases de Sociales o de Geografía de que muchos indios, al menos en el territorio de lo que hoy es la Argentina, ya no quedaban. Que algunos se habían muerto por no tener defensas contra virus nuevos que traían los europeos. Y que a otros, a muchos, los habían matado. Precisamente a los que no aceptaban tan contentos esas cosas tan lindas y simpáticas que Colón les había traído. Entonces, cuando llegaba el 12 de octubre, no solo no entendíamos por qué se llamaba “Día de la Raza”, sino que muchos nos preguntábamos por qué había que festejar la llegada de Colón a estas tierras y todo lo que había sucedido después.  

A partir de la vuelta de la democracia en 1983, cada 12 de octubre eran más las voces de adolescentes, jóvenes y adultos que organizaban marchas en las que recordaban la injusticia, el desastre, todo lo valioso que se había perdido con el exterminio de los integrantes de los pueblos originarios (ya no los llamaban “indios”) y hacían distintas propuestas: básicamente, o dejar de celebrarlo o que siguiera siendo feriado pero no para celebrar sino para conmemorarlo como un hecho trágico.

Por un tiempo, el 12 de octubre se llamó “Día del Encuentro entre Culturas”. Aunque había voces en contra de esta denominación, con el argumento de que un encuentro entre culturas implica siempre el sometimiento de una por parte de la otra, el triunfo de una cultura sobre otra.

Fue por ese entonces que comenzó a sonar la canción de los Fabulosos Cadillacs "V Centenario”, que inspirada en los 500 años del descubrimiento de América, decía para 1992: “no hay nada que festejar”.

Así llegamos a 1992. Efectivamente, no hubo nada que festejar. 17 de marzo. 14:42 hs. 29 personas muertas. 242 personas heridas. Atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires.

1994. 18 de julio. 9:53 hs. 85 personas muertas. 300 personas heridas. Atentado contra la AMIA.

La sociedad argentina, conmocionada, se despierta y reacciona. Ha pasado casi un año desde el segundo atentado. El 5/7/95 se crea por Ley el INSTITUTO NACIONAL CONTRA LA DISCRIMINACIÓN, LA XENOFOBIA Y EL RACISMO. Pasan dos años más hasta que, en 1997, el INADI comienza a organizarse, y dos años más hasta que empieza efectivamente a trabajar.
Dentro del INADI, se crea el Área de Interculturalidad, que se ocupa de la discriminación hacia grupos que tienen “una tradición, religión, lengua y origen territorial compartido (…), que migraron desde otros países o que ya habitaban este territorio antes de que el mismo se constituyera primero como Virreinato del Río de la Plata y después como Estado-Nación Argentino.

En 2005 se lanza el Plan Nacional contra la Discriminación, que se propone “Impulsar proyectos educativos y de difusión tendientes a eliminar actitudes discriminatorias, xenófobas o racistas”. El INADI se propone como objetivo construir “una sociedad en pluralidad y democracia, valorando la diversidad e incorporando el respeto a las diferencias (…) para una sociedad no solamente más equitativa y sin discriminación de ningún tipo, sino también cooperativa, solidaria y respetuosa de la dignidad de las personas.”

Y ¿qué tendrá que ver esto con el 12 de octubre?, se preguntarán ustedes. Tiene muchísimo que ver. Porque a partir de los dos atentados, la sociedad argentina se da cuenta de que la discriminación, la xenofobia y el racismo no son cuestiones ajenas y lejanas, que pasan en otros países, sino que están presentes entre nosotros. Entonces se crea y se pone a trabajar el INADI, que enseguida encuentra que estamos lejos de ser un país que respete las diferencias. Enseguida encuentra que en nuestra sociedad se margina y se discrimina, al integrante de los pueblos originarios, al judío, al africano. Propone entonces, en 2007, en el marco de un proyecto que nos engloba a todos como sociedad, abandonar la denominación de “Día de la Raza”, para pasar a  llamarlo “Día de la Diversidad Cultural Americana”. Y recién en 2010 se promulga el decreto, a partir del cual este día toma el nombre de “Día del respeto a la Diversidad Cultural”.

En su declaración acerca del Plan Nacional contra la Discriminación, el INADI afirma que muchos grupos humanos presentes en nuestro país “han padecido procesos de opresión particulares, como son los genocidios (genocidio indígena, armenio, judío), la migración forzada y la esclavitud (pueblos africanos e indígenas), estigmatización hacia credos y rituales religiosos (judaísmo, islamismo, religiones africanistas, entre otros) y hacia tradiciones culturales en general.”  Y recuerda que “los procesos migratorios (…) han enriquecido el pluralismo cultural de nuestro país al mismo tiempo que despertaron nuevas corrientes xenófobas”.

Por lo tanto, dejar de celebrar el “Día de la Raza” para pasar a celebrar el “Día del Respeto a la Diversidad Cultural” implica mirar hacia los costados y darnos cuenta de que formamos parte de una sociedad culturalmente diversa, integrada por personas que son muy diferentes en cuanto a sus orígenes históricos y religiosos, pero iguales en tanto sujetos de derecho. Lo que significa que el que está a mi lado, es distinto en un montón de cosas, pero es tan persona como yo. Y por eso, todos nos merecemos el mismo respeto. Respetar al otro, con sus características particulares distintas de las nuestras, implica respetarnos a nosotros mismos y contribuir a la construcción de una sociedad mejor para todos.
Muchas gracias.

Fecha: 12/9/2013 | Creado por: Cinthia Noemi
Etiquetas: Diversidad, ORT