La sucá, construcción endeble y temporaria que debemos habitar con alegría, nos invita a despojarnos de las preocupaciones diarias y disfrutar de la luz que se filtra por entre sus ramas, de la compañía de nuestros seres queridos, de la simpleza del decir de Pirkei Avot: “Mihu ashir? Hasameaj bejelkó”, “¿Quién es rico? Quien está contento con su parte”.

Sucot se denomina también Jag Haasif, “la Festividad de la Recolección”, ya que, de acuerdo al calendario agrícola, es el tiempo de recolectar el fruto de la tierra, cerrando así el ciclo de Shalosh Haregalim, las tres Fiestas de la Peregrinación que conforma junto con Pesaj y Shavuot. Podemos decir, entonces, que Sucot es “la festividad de la síntesis”. Síntesis de lo que se invirtió y de lo que se obtuvo. Para el campo, un momento de balance, de evaluar si fue éste un buen año agrícola. Y tal balance, nos dice la Torá, debe venir de la mano de la alegría, aún cuando el fruto obtenido no fuera el mejor posible ni el más esperado.  

En tiempos en que la mayor parte de la población no se dedica al trabajo de la tierra, el concepto de “Jag Haasif” suena perimido… Sin embargo, tal como ocurre con otras fechas de nuestro lúaj, el sentido agrícola se encuentra íntimamente relacionado con el sentido nacional y el histórico: la sucá, que rememora la estadía de Bnei Israel en el desierto tras haberse liberado del yugo de Egipto, representa un momento de síntesis en nuestra historia, de cierre de un ciclo y del inicio de una nueva era.

Fecha: 4/10/2017 | Creado por: Denise
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